Mali

Mali

Mali no tiene salida al mar, pero sus ríos, en especial el Níger, suplen sobradamente esa ausencia. Al navegar por él descubrimos aldeas de bella arquitectura, con mezquitas deslumbrantes, que albergan a algunos pueblos formados por emigrantes, o expulsados, de la España reconquistada. Sus ciudades guardan todavía la atmósfera y el espíritu de otros tiempos. Y desprenden luz, calor humano y variedad de acentos. Nadie en esta vida debería perderse la mezquita de Djenné, o dejar de ver la tradición de Tombuctú. Nadie, tampoco, debería dejar de emprender un recorrido por el país dogón, un lugar de geografía inaudita, que es la tierra de un pueblo singular.